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Se entiende como Buenas Prácticas para el desarrollo de los territorios a un conjunto de acciones, procesos, técnicas o su interrelación que permiten que en un espacio determinado se hayan alcanzado resultados que sobresalen de otras experiencias, los cuales han sido logrados en virtud del conocimiento explícito e implícito de sus agentes, de sus enfoques o visiones y de sus prácticas de cambio e innovación.
Las buenas prácticas para el desarrollo de los territorios generan dos tipos de resultados, la mayoría de las veces directamente relacionados:
Resultados de efecto: Se refieren a los cambios que el proceso gatilla y que se pueden apreciar como consecuencia de la iniciativa en cuestión.
Resultados de proceso: Se refieren a nuevas dinámicas, estilos de trabajo, conformación de equipos comprometidos, forma de tomar decisiones, prioridades y objetivos, etc., que se ponen en marcha en el contexto de la iniciativa en curso.
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